sábado 3 de diciembre de 2011

Casualidad y Causalidad

Punto uno, esto es una historia real.

Punto dos, en algunos pueblos del Perú hace mucho tiempo y en muchos otros hasta hoy solo hay luz hasta cierta hora y solo por motivos de muerte o accidente grave se encienden en las madrugadas.

Corría el año mil novecientos noventa. El hijo de diecisiete años le pidió la camioneta al padre, el padre sabía lo que había criado y no le dio permiso. El padre y la madre debían viajar a la ciudad que quedaba a cuatro horas del pueblo que ellos habitaban para la boda de un amigo cercano.

Como era de esperarse viajaron, para evitar problemas dejaron la camioneta en la casa de la hermana del madre.

El garage de la casa de la tía del hijo quedaba alejado de la casa, de tal manera que no se escuchaba con claridad, esto fue aprovechado por el jovencito y sin que nadie se diera cuenta sacó la camioneta con su mejor amigo y partió hacia otro pueblo que quedaba a cuarenta y cinco minutos.

Al día siguiente la tía fue a ver el garage y no encontró nada, fue a la casa de su hermana y no encontró nada. Esperaron hasta el mediodía que el muchacho apareciera para retarlo como correspondía, pero no pasó nada.

La desesperación empezó a calar en la tía y en el resto de la familia, decidieron no llamar aún a los padres ya que recién esa noche sería el matrimonio. Toda la tarde se dedicaron a buscarlo, al final encontrarían la respuesta.

En la ciudad eran las once de la noche, en plena pachanga el hermano del padre recibió la llamada, le avisó a su hermano. Inmediatamente decidieron partir al pueblo. Partieron los tres; el papá, la mamá y el hermano del papá, manejo el tío del muchacho ya que claramente era el que estaba más calmado.

Los viajeros no tenían ni idea de lo que estaba pasando, solo les dijeron que no aparecía el hijo, pero no les informaron lo que ocurrió, a estas alturas de la noche ya todos en el pueblo lo sabían.

Once de la noche del día anterior. El hijo regresaba del pueblo que quedaba a cuarenta y cinco minutos, regresaba de un entierro, estaba con unas copas de más, lo acompañaba su mejor amigo(el que lo ayudó a robar la camioneta). Estaban en la carretera cuando en una curva se atravesó un camión, este lo cegó y tomando en cuenta que estaba un poco borracho no tuvo los reflejos necesarios y se salió de la pista. Pero esta pista no es como cualquiera, al salir de esta no iba una pampa o se chocaba con un cerro, al salir de esta pista solo le quedaba ir derecho al mar. Su suerte estaba echada.

Tres de la mañana del día en que los tres viajeros partieron al pueblo, ante la angustia el viaje no fue placentero, no tenían idea de lo que había pasado, pero sabía que no era necesario llegar hasta el pueblo para saber que había ocurrido. Solo debían llegar a las afueras y ver si las luces estaban prendidas en plena madrugada. Cuando pasaron el último cerro lo vieron, todas las luces del pueblo encendidas y chispeantes, la madre empezó a llorar, el padre también. Es que no les quedaba otra salida, Si no encuentran a tu hijo y las luces de tu pueblo están encendidas a las tres de la mañana, solo te queda llorar.

¿Casualidad o causalidad? Un poco de ambos, si el hijo no hubiera robado el carro no hubiera pasado nada, pero fue casual que en el momento preciso en que el camión pasó por la curva el muchacho también pasara por ese lugar. Saquen sus conclusiones.

Los libros de la buena memoria, Luis Alberto Spinetta.

1 comentarios:

Jocho dijo...

Cuando se toma, no se maneja. Punto.

(por siaca, lo he hecho pero con familia y por ser el que estaba en mejores condiciones, jamás solo)

Temón de Invisible, ese es uno de mis discos de referencia :9